La labor del historiador del arte en la construcción de la historia desde la óptica del artista

¿Cuáles son los principales valores de un historiador del arte? Desde el punto de vista de un artista, un historiador del arte debería ser un transmisor cultural, un traductor científico y abierto a las realidades de la sociedad…, un mediador cutural, pero en realidad es un “buscavidas” que combina habitualmente un trabajo “oficial” casual / o generalmente realizado como funcionario en una Institución pública / privada o que ejerce libremente su profesión como Free-lance y obtiene además por su libre ejercicio la edición de publicaciones específicas realizadas por encargo, revistas, artículos, prensa, etc.., unas veces derivadas de la maquinaria oficial y otras del libre comercio, “la moda del momento cultural” etc… mientras con estos “trabajos” de difusión… se lucra.
Desde punto de vista del artista, el historiador del arte resulta un personaje “irresponsable con la cultura”, un mediador político y un canalizador de diversos intereses de todo tipo menos culturales, agrupados, eso sí, todos ellos bajo las múltiples facetas de la palabra CULTURA. No se ha encontrado entre los pensadores una voz crítica independiente fuera de la “cadena de producción” de productos de los críticos de arte y sin embargo nos recuerda una vez más el cuento de Andersen: “El traje nuevo del emperador”. ,…, Pero si no lleva nada!- gritó el niño¡- . -¡Va desnudo! gritó al final, todo el pueblo.
Para terminar por hablar de algo que no existe y de lo que nos quieren convencer. Esta actitud pseudo – intelectual acabará por extinguir el arte que cada día necesita más atención y más apoyo intelectual en sus apuestas, unas novedosas, otras arriesgadas… para comunicar su diferente visión, su realidad dentro de la realidad general,… esa que todos perciben por igual, la que se mide, se pesa y se paga, y que es común en todas las sociedades.
Los artistas también advertimos contra los historiadores “perezosos” en la construcción de la historia actual o su falta de sondeos del entorno …, aquellos críticos narcisistas que hacen su trabajo bajo la condición predominante de un fiel reflejo de su ego –“lo que se parece a mí”-, en algún aspecto … buscan “su propio reflejo” coreando un son fácil sin un compromiso enriquecedor con la sociedad actual o su desarrollo cultural. La necesidad de un intermediario traductor del hecho artístico se hace urgente para una “sociedad durmiente” y es evidente porque hay un hueco entre el fenómeno real y su difusión como fenómeno cultural, de otra forma el acto artístico en sí mismo se perdería y sólo llegaría a una mínima parte de espectadores.
El historiador y el crítico han ejercido en los últimos años, como intermediario-cultural-partidista dejando de lado a la figura del pensador comprometido ideológicamente se ha convertido en beneficiario económico, esto ha constituido un craso error para la cultura – durmiente bella – y la sociedad, y ha traído como consecuencia un deterioro de ambas y posteriormente un espectador cada vez más desinteresado y alejado de los fenómenos artísticos emergentes y que desvía su visión actual, inmediata y contemporánea de la producción cultural.
El intermediario crítico / historiador honrado es…, debería ser un comunicador abierto a toda reflexión exterior, un difusor para el público y una ayuda inestimable para el arte de todos los tiempos y de sus fruidores. Sin esta figura se elude la sensibilidad. El intermediario actual ya no sería nunca más capaz de traducir y contar lo que sucede en la realidad porque no está capacitado o “no está por la labor” para hacerlo, para percibirlo y no se “entrena” para ello, busca placeres más inmediatos, servirse del arte y de los artistas para escribir más artículos y más libros y más consumo de papel..- y menos árboles – y de paso conseguir más tráfico de influencias…. en esta rueda de la fortuna artístico-política.
La dificultad de traducción del hecho artístico requiere formación, dedicación y sensibilidad. Cuando los historiadores dejan de ser expertos interesados en la materia se convierten en meros “opinionistas” atrapados por sucesivas lecturas retóricas y recurrentes de otros tantos “modelos de opinión”….la fuente inagotable de un sinsentido crítico – y tautológico - para con la historia del arte… y un “hablar por hablar” en versión cansina…
Saborear y profundizar en el arte, no sólo es un “trabajo”, y en arte la palabra “trabajo” es horrible, porque todo se puede convertir en un “acto remunerado” simple y a contra-reloj que determina una labor anti-arte, realizada sin pasión.
Traducir la sensibilidad artística es también algo artístico, vital, humanizador y esperanzador, no sólo un trabajo profesional y “a la carta”, o politizado que se remunera por horas o por méritos contabilizables en títulos académicos o artículos publicados. ¡Eso no es el prestigio!. El prestigio es algo a ganar cada día, con cada nueva acción.
La lectura coherente de la historia del arte es algo que la sociedad necesita, y hay errores que se pueden detectar, corregir y subsanar, porque la información está ahí, …, y por supuesto, si llegara el caso, rectificar es de sabios. De lo contrario podría producirse una ruptura de confianza por parte de la sociedad civil con sus historiadores del arte – sus traductores -, como vigilantes y garantes legitimadores del patrimonio artístico, si no son capaces de detectar ni siquiera desde la libertad de su conciencia intelectual que una joya museística como es “La venus del espejo” a la velazqueña pertenece al gran siglo de la mujer, y viene siendo “enmarcada” dentro de los parámetros del sofisticado y elegante siglo XVIII.
By Felipe Uribarri, el príncipe oscuro. Bilbao 21-3-11
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